hoy, 24 de diciembre de 2011
Señor Jesús, gracias. Te hiciste hombre, siendo Rey de reyes. Pero no cualquier hombre, sino el más humilde, naciendo en un pesebre. Tu vida de amor desmedido y servicio desinteresado sigue marcando nuestros corazones. ¿El propósito de tu llegada? Ese sacrificio en la cruz. Esa sangre derramada que ofrece misericordias nuevas cada mañana. Pero la historia no termina. La muerte no pudo vencerte. Tú te entregaste y luego resucitaste con toda honra y majestad. Espero que podamos recordarte hoy y celebrar esta historia de esperanza. Los juguetes y regalos no se comparan a ti. Perdóname porque muchas veces me olvido y Tú siempre me piensas. Te amo y gracias.